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Porque a pesar de lo que se empeñen en hacernos creer, el Estado del Bienestar, el pacto social entre capital y trabajo, es un modelo social totalmente válido. Necesita, cierto es, algunas modificaciones, pero puede y debería continuar regulando la vida de los ciudadanos, al menos, cincuenta años más.
L a premonición de Royal se ha cumplido y el triunfo de Sarkozy, preparado durante dos semanas en todos los medios de comunicación, es ya un hecho irreversible. La victoria electoral ha dado paso a una cantidad inconmensurable de retórica triunfalista, que ahora, apenas dos días después, empieza ya a ser agobiante. De entrada, no hay que olvidar que el triunfo de Sarkozy se produce por tan sólo tres puntos - mayoría al fin y al cabo, sí, pero no el apoyo masivo que tantos insisten en proclamar. Este afianzamiento de la derecha en Francia puede hacerse extensible al resto de Europa, en una especie de mancha viscosa negra, que lo ensucia todo, que no deja nada sano a su paso: Blair, Merkel, Sarkozy, etc. La derecha, contenta con el trifunfo, no deja de repetir que el modelo francés, léase el Estado del Bienestar, ha entrado ya en su época final, en el inicio de su desmantelamiento. En la nueva era, gloriosa, domina el neoliberalismo, el beneficio privado y el conservadurismo social. En ese sentido, es loable la sinceridad del próximo presidente de la República Francesa: a lo largo de toda la campaña, sus propuestas económicas, genuinamente neoliberales, con ciertos retazos del laborismo de Blair, lejos de relegarse a un segundo plano, han sido ampliamente debatidas y comentadas. Sarkozy no engaña a nadie: se dispone a erradicar la paz social del Bienestar y, además, con el respaldo democrático de más de la mitad de los franceses. En este contexto de derechas neoliberales y bien orgullosas de serlo, la española constituye una desagradable excepción: el Partido Popular, neoliberal en lo económico como el resto de derechas europeas, sigue anclado en el tópico primoriverista, que consigue sostener gracias al fantasma de ETA. La excusa vasca le permite minimizar sus pretensiones financieras, a costa, dicho sea de paso, de preparar mayonesa con la bilis de los españoles.
Volviendo al triunfo neoliberal en Francia, los altavoces del nuevo régimen, el neoliberal, continúan bombardeando a los ciudadanos con el discurso único de lo inevitable: el Estado del Bienestar, dicen, pertenece al siglo pasado, agoniza, y debe ser liquidado. Pues bien, retomando el símil anterior, el desmantelamiento del bienestar europeo, como si de una central atómica se tratase, es altamente peligroso: desactivar los mecanismos de redistribución de la riqueza, por ejemplo, constituye un riesgo enorme para grandes capas de la población, así como eliminar la gratuidad de la enseñanza o de la sanidad. A nivel estructural, una economía capitalista basada en la maximización del beneficio privado es, ya lo decía Polanyi hace cincuenta años, incompatible con la sociedad. La economía, para que sea socialmente útil, debe estar dirigida a la satisfacción de las demandas sociales.
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