Marisa: luchando por mil euros

Marisa es una joven de 25 años, recién licenciada en filología inglesa. Todos los días se levanta a las siete de la mañana y, después de su aseo personal, sale a comparar el pan. Un euro y cincuenta céntimos es lo que lo que el cuesta su café matinal y la barra de pan integral. Con las pilas cargadas, se dirige a su trabajo en un Gabinete Psicopedagógico. Allí se dedica a revisar historiales, atender el teléfono y, con un poco de suerte, le dejan escuchar el problema de algún paciente. A las tres de la tarde termina su jornada laboral, pero antes de ir a casa decide hacer la compra de la semana. Leche, pan tostado, fiambre, carne, pescado o fruta no suelen faltar en su carro de la compra. Una vez el carro de la compra está medio lleno, se dirige a la caja y, mientras tanto, intenta calcular lo que le puede costar todo. Un total de 80 euros, no está mal si tenemos en cuenta que la compra, con un poco de suerte, le durara más de una semana. Llega a su casa alquilada y allí la esperan sus tres compañeras de piso: Paula, Sara y María. Después de comer se dirigen a una cafetería cercana, ya que han quedado con la arrendataria del piso porque tienen que pagarle el mes. Nuestra protagonista desembolsa 355 euros por 60 m2, sin contar agua, luz, gas o gastos de escalera. Si las cosas siguen igual hasta llegar a fin de mes, a Marisa le quedaran alrededor de 200 para engordar su delgada cuenta corriente.

 

Marisa pertenece a esa generación nacida entre los años setenta-ochenta y que sus ingresos mensuales no llegan al salario medio en España. Esta situación es doblemente frustrante. Por una parte, los mileuristas son jóvenes con talento y proyectos que necesitan ingresos económicos para poder llevarlos a cabo. El problema es que no disponen de capital propio para poder cumplir sus sueños. Por ello, optan por encadenarse con su banco y a través de los préstamos y las hipotecas consiguen, al menos, poder irse del hogar familiar. Por otra parte, los jóvenes recién licenciados, también se sienten incómodos ya que, en el resto de países de la Unión Europea, la mayoría de trabajadores ganan un salario bastante superior al español.