La lacra de la brecha salarial

Diego Moreno, Isabel Esteban, Candela García, Laura Sánchez, Cristina Navarro, Sabina Soare y Ester Sáiz.

“Existe la brecha salarial por una injusticia histórica arrastrada. En esta sociedad patriarcal en la que nos situamos, los trabajos importantes son los que hacen los hombres, pues por una parte las mujeres nos hemos incorporado más tarde al mercado laboral, y a trabajos que están infravalorados”, explica Sabina Navarro, directora de l’Espai de Dones i Igualtat. Este fenómeno derivado de la desigualdad de género se define como la distancia en la retribución media (salario más complementos) de mujeres y hombres ocupados que alcanza a todos los sectores, ocupaciones, edades, etc.

El principal motivo por el que la brecha salarial aún pervive son los estereotipos existentes en nuestra sociedad patriarcal, que quedan perfectamente plasmados en el mundo laboral, donde hombres y mujeres todavía ocupan cargos asociados a sus tradicionales roles del género.

En una Encuesta de Población Activa (EPA) realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2016 se vio reflejado que los puestos de trabajo ocupados principalmente por mujeres son aquellos relacionados con los cuidados, la limpieza, la sanidad, la enseñanza y el sector de servicios, en detrimento de otros ámbitos como la industria, la construcción o la agricultura, donde los hombres son mayoría.

Fuente: Técnicos del Ministerio de Haciendo (Ghesta)

Aunque ahora sí que se percibe una incorporación de los hombres a ocupaciones tradicionalmente femeninas con bastante naturalidad, observamos que esta situación a la inversa se vuelve mucho más complicada.

Paradójicamente, esta encuesta también manifestó que, incluso en los sectores feminizados, las mujeres quedan relegadas a puestos de trabajo más bajos (empleadas sin subordinados), mientras que los hombres ocupan los cargos directivos en un porcentaje mucho mayor, especialmente en las grandes empresas.

La situación actual de la brecha salarial

Según el último informe presentado el 25 de noviembre de 2018 por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la brecha salarial entre hombres y mujeres en España es del 14,9%. Rosalía Vázquez, una de las principales autoras del informe, afirma que no se ha podido hallar un factor específico para que se dé este hecho, sino que se trata de un conjunto de circunstancias que favorecen el trato desigual hacia las mujeres.

Existen dos formas muy comunes para calcular la brecha salarial. La primera está basada en la media y se nutre de los salarios medios por hora; la segunda se centra en la mediana, comparando el valor central de la distribución salarial de las mujeres con el valor central de la distribución salarial de los hombres.

Las mujeres en España cobran un 30% menos que los hombres, lo que supone una diferencia salarial que alcanza los 4.745 euros, según el informe presentado por el sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha). Las diferencias que existen entre los salarios de unos y otras se deben, mayoritariamente, a que hay más mujeres que hombres que no llegan a los 1.000 euros de ingresos al mes, en cómputo anual.

Estos datos no se dan únicamente en el período laborable vital, sino que se traspasa a la vejez. La pensión media de jubilación de los hombres es de 1.220,65 euros, mientras que, en el caso de las mujeres es de 768,54 euros, según ha constatado el sindicato UGT. De esta manera, la ‘brecha de género’ en las pensiones de jubilación es del 37%.

Complementos: un factor determinante

Según el último informe del sindicato de Comisiones Obreras (CCOO) facilitado por Clotilde Iborra, secretaria de la mujer de CCOO, a pesar de que el salario base constituye más de la mitad de esta brecha (54%), los complementos a las nóminas suponen el 44%, una cifra bastante relevante si tenemos en cuenta que son un componente menor del salario mensual.

Fuente: propia

Este documento subraya que los hombres cobran 613 euros mensuales en complementos salariales y las mujeres tan solo 427. Hay diversos tipos de complementos: los que se otorgan sobre todo en los cargos directivos con “criterios discrecionales” y en los que la mujer se ve menos beneficiada, así como los que retribuyen aspectos laborales “masculinizados” (esfuerzo físico, penosidad, nocturnidad, etc.).

Estas bonificaciones, sin embargo, no se dan para los aspectos “feminizados” como la atención, la precisión, la resistencia, o incluso el peligro que supone la manipulación de productos químicos estrechamente ligada a la limpieza, sector predominantemente femenino.

Maternidad y conciliación de la vida familiar y laboral

Uno de los principales motivos de que las mujeres sean las protagonistas de los trabajos precarios, de jornada reducida o contratos temporales es la maternidad.

Los empresarios la ven como una amenaza porque, como explica Iborra, consideran que todos sus recursos invertidos en formar a su trabajadora se van a “desperdiciar” en el caso de que esta decida ser madre, ya que, como mínimo, la mujer accederá a sus correspondientes bajas por embarazo, maternidad y lactancia.

Por tanto, aunque está prohibido por ley el despido de las mujeres por motivo de embarazo o la solicitud de algunos de los permisos que la maternidad conlleva, los empresarios se sirven de distintas estrategias para encubrirlos. O directamente se decantan por la contratación de hombres, aunque tengan el mismo nivel de formación que sus competidoras para el puesto de trabajo.

El problema de todo esto es que las empresas están logrando que las mujeres consideren la maternidad como algo negativo que va a romper con su vida profesional.

Además, cabe tener en cuenta que las únicas afectadas son las mujeres, a pesar de que los padres también deberían tener la misma responsabilidad sobre el cuidado de sus hijos. Si bien se ha confirmado la ampliación del permiso de paternidad a 8 semanas (si salen adelante los Presupuestos de 2019), el de la mujer sigue siendo superior, 16 semanas, y las consecuencias negativas recaen en su totalidad sobre ellas.

Fuente: istockphoto

Doble explotación

Uno de los aspectos que hace más injusta, si cabe, la situación de las mujeres trabajadoras es la doble explotación a la que están expuestas.

Por un lado, explotación en el trabajo productivo, ya que, como hemos comentado anteriormente, deben hacer frente a trabajos precarios, mal remunerados, temporales, etc.

Y, por otro lado, explotación en el trabajo reproductivo, porque ellas mayoritariamente asumen todo el trabajo relacionado con el hogar y el cuidado de los hijos.

Por tanto, nos encontramos ante una doble jornada que, además de estar infravalorada, está peor remunerada que la de los hombres. Sin duda, uno de los problemas más evidentes de la sociedad patriarcal.

La regulación legal en España

En España, las únicas normas en vigor que hacen referencia a la discriminación salarial por motivo de género son la Constitución, el Estatuto de los Trabajadores y la Ley para la igualdad efectiva de mujeres y hombres.

El artículo 35 de la Constitución Española expresa: “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo”. Esto, sin embargo, no se cumple en la práctica.

El Ministerio de Empleo quiere cambiar el Estatuto de los Trabajadores y la Ley de Igualdad para que el salario de las mujeres se acerque al de los hombres. Algunas medidas para llevar a cabo esta resolución son incluir en la copia básica del contrato la retribución percibida, regular el concepto legal de trabajo de igual valor o reforzar el derecho de los comités a recibir información sobre los sueldos.

Sin embargo, Comisiones Obreras apunta que con estas medidas no es suficiente, y sugiere servicios públicos que socialicen las tareas de cuidado, políticas activas de empleo que rompan la segregación, extender los planes de igualdad o revisar las clasificaciones profesionales para evitar sesgos de género.

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Testimonios

Clotilde Iborra Alcaraz, Secretaria de la mujer, políticas LGTBI e Institucional de Comisiones Obreras del País Valencià.

Sabina Navarro Cerdán, directora de l’Espai Dones i Igualtat.

Salvador Mejías, responsable de la Secretaría de Acción Sindical.

Miguel Santiago Muñoz, secretario de la Organización de la Federación de Servicios del País Valencià.

Estudiante de Administración y Dirección  de Empresas.

Belén Vidal, dueña de Bicipoint, una empresa de alquiler de bicicletas y víctima de la brecha salarial.

Escrito por ester_saiz el nov 28 2018. Archivado bajo Reportajes. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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