Una relación de amor envenenado

Jaca bajo la falda de Collarada. | Foto: Víctor Rapún

El inminente avance en la construcción del trazado de la variante que unirá las autovías A-21 y A-23 en la ciudad de Jaca y con dirección hacia las pistas de esquí, ha supuesto el tema más controvertido de la última década en la zona altoaragonesa. Hasta el momento, la importancia del turismo en Jaca había provocado una consecuencia muy favorable en cuanto al medio ambiente puesto que su cuidado hacia este había sido máximo, en una relación de “mutuo beneficio”. Por ello, un reciente estudio de la Universidad de Oviedo que fue recogido por el Heraldo el 16 de enero del 2016 calificó a Jaca como la cuarta mejor ciudad de España en cuanto a calidad de vida.

Sin embargo, la nueva situación creada ante la continuación de las autovías hasta el mismísimo corazón del Pirineo ha supuesto un dilema, un dilema en el que el impacto ambiental, los beneficios humanos y los intereses personales se han convertido en los factores más importantes que han dividido la opinión de la ciudad de Jaca mientras que su entorno natural, aquel que tanto caracteriza a Jaca, observa la situación temeroso, pues cualquier propuesta acabará afectándole.

La perla del Pirineo

A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, la ciudad altoaragonesa supo recuperarse de la precaria situación de la posguerra y de la posterior crisis económica y por lo tanto, supo adaptarse a las nuevas tendencias que fueron evolucionando en la sociedad. El sector industrial quedó relegado y el turismo, con permiso de la tradicional y arraigada ganadería tensina, ocupó la pieza central de la economía de la zona.

La ciudad de Jaca. | Foto: Víctor Rapún

De esta forma, Jaca supo aprovecharse, en primer lugar, de su historia y de aquellos legados artísticos que la localidad posee con monumentos como la Ciudadela, castillo construido en el siglo XVI y de los pocos conservados en su integridad de toda Europa, la Catedral de San Pedro, de las primeras románicas de España, o el Monasterio de San Juan de la Peña, místico cónclave escondido entre las rocas de la montaña.

Sin embargo no se puede dejar de lado otro medio muy explotado por los habitantes de estas tierras, y son los Pirineos, con la proximidad respecto a parques nacionales protegidos y la consolidación como zona deportiva ante la importancia de las estaciones de esquí que ocupan la segunda posición en España en cuanto a la extensión de estas con 327,7 kilómetros.

Estas estaciones, por lo tanto, ocupan una posición muy importante para los jaqueses ya que, a parte del aumento del turismo, entrega puestos de trabajos a cientos de personas durante la etapa invernal. Las cifras reveladas por el propio gobierno aragonés indican que de cada 100 euros que gastaron los esquiadores, 20 se quedaron en las estaciones y 80 en el territorio circundante.

Todos estos atractivos, unidos al deporte de montaña con grandes eventos competitivos, su cercanía respecto a Francia, el aprecio por parte de los habitantes de grandes ciudades en esta pequeña localidad como segunda residencia o la enorme tradición de los deportes de hielo y nieve, muy escasos en España, han conseguido hacer de Jaca lo que muchos llaman “la Perla del Pirineo”.

Malos tiempos para las estaciones del Pirineo aragonés

Sin embargo, en los últimos años la situación se ha complicado y las estaciones han tenido que hacer frente a nuevos problemas. Los cambios climatológicos que han provocado un aumento de temperaturas y por lo tanto una disminución de la época de nieve, y los costes provocados por las numerosas infraestructuras necesarias para la adecuada práctica del deporte blanco han provocado inestabilidades económicas y hasta profundas crisis como bien destaca el ejemplo de Candanchú. El informe de gestión del ejercicio del 2013/14 de la estación de Candanchú, recogido por el Heraldo de Aragón el 1 del mayo del 2015, señaló que el fondo de maniobra era negativo y reunía una deuda a largo plazo de más de 2 millones de euros

Este es un ejemplo de la difícil situación en la que se encuentran actualmente las estaciones, una situación que se complicó tras el 2008 por la crisis financiera debido a que la oferta de este tipo de turismo es cara en comparación con el predominante turismo de “sol y playa”.

Pese a ello, la mejora de infraestructuras y conexiones respecto a estas zonas ha disminuido las consecuencias negativas de la disminución de la capacidad adquisitiva media de los españoles, por lo que Candanchú, Astún y Formigal continúan siendo principales sustentos en la economía jacetana ya que, como bien publicó atresmedia en su soporte digital el 19 de enero del 2016, según documentos oficiales del Gobierno Aragonés, la industria de la nieve constituye el 7% del PIB de la Comunidad.

Por ello, la necesidad que poseen estas estaciones de que las autovías A-21 y A-23 continúen su recorrido hasta las mismas pistas es más que evidente. Necesitan que los turistas tengan la mayor comodidad posible y que sea lo más económico posible, y por ello no les queda otra opción que apoyarse en este proyecto. Teniendo en cuenta la importancia que tiene este sector tanto en el PIB de Aragón como en su población activa, el dilema se agrava y se extiende más por momentos, como un terremoto cuyo epicentro ha tenido lugar en Jaca y sus consecuencias se están extendiendo, poco a poco, por el resto de la comunidad.

El dilema del pueblo jacetano

Mientras tanto, los habitantes de Jaca no tienen las ideas claras. Como se informaba anteriormente, estas estaciones de esquí son muy importantes para el sector laboral de la ciudad altoaragonesa. Este trabajo estacional, en muchas ocasiones se transforma en puestos de trabajo de actividades veraniegas, que también viven del turismo, por lo que podríamos decir que el Pirineo, laboralmente, afecta durante prácticamente todo el año a la población activa.

Mapa de por dónde iría la variante de Jaca. | Foto: Diario Altoaragón

Mapa de por dónde iría la variante de Jaca. | Foto: Diario Altoaragón

Sin embargo, no todos piensan igual ya que el proyecto no aporta beneficios a todos los grupos sociales de Jaca; de hecho, muchos se ven enormemente afectados. Este es el caso del barrio norte de la Tejería, zona por la que el proyecto pretende que pase la variante, un objetivo que para que se cumpliera, significaría expropiaciones de viviendas o terrenos de cultivo o una distancia ilegal de las comunidades respecto a las vías (según establece la UNESCO).

Este descontento generado entre los vecinos del barrio más periférico de Jaca dio origen a una asociación de ciudadanos denominada ‘Jaca Sin Perder el Norte’ que nació con el propósito de evitar que dicho proyecto se llevara a cabo y lograr que el Ministerio de Fomento se replanteara la iniciativa ante los problemas que esta puede crear.

María José Bustos, una de las fundadoras de ‘Jaca Sin Perder el Norte’ explicó en COPE Jaca que “el proyecto de la variante de Jaca, es un proyecto obsoleto, del siglo pasado. Entendemos que hace muchos años, fuera la opción más lógica y viable, pero nuestra ciudad ha cambiado mucho desde entonces, y es por esta razón que pedimos que el Ministerio de Fomento lo vuelva a estudiar y lo actualice”.

Desde que la confirmación por parte del Ayuntamiento se extendió por Jaca, ‘Jaca Sin Perder el Norte’ junto a otras organizaciones han intentado desarrollar nuevos proyectos que no tengan un mayor impacto que el que tendría en el barrio de la Tejería. No obstante, esa misión se convierte en imposible debido a que sus alrededores poseen una riqueza notable tanto paisajística como de cultivo, por lo que los proyectos no hacen más que provocar el conflicto y la división.

Además, tal y como indica Rodolfo Pardos, en esa misma entrevista, la información explicada por parte del Ayuntamiento de Jaca es prácticamente nula: “Tuvimos que ir a la Unidad de Carreteras de Zaragoza para que nos lo explicaran bien, aunque no se llegó a ninguna respuesta, al menos ya sabías un poco más del tema”.

Pancartas en contra a la variante. | Foto: Víctor Rapún

Y es que, en medio de todo este conflicto, los partidos políticos ya empiezan a realizar sus primeros movimientos, unos movimientos que quizá solo sirvan para echar más leña al fuego. Al principio, se comenzó pasando la bola de un partido a otro; Juan Manuel Ramón, actual alcalde de la ciudad con el Partido Socialista, aclaró que esta decisión no era cosa de su partido y de su mandato, sino que venía de una propuesta aprobada hacía más de diez años y llevada a cabo por el Partido Popular, el cual, tras llevar varios años apoyando dicho proyecto, ha cambiado de postura radicalmente ante el descontento creado en la localidad.

Mientras tanto, el Partido Aragonés ha intentado mediar entre las dos “Jacas” divididas promoviendo plenos extraordinarios para que todos los partidos políticos de Jaca envíen un mensaje de deseo de negociar y cambiar al Ministerio de Fomento.

Sin embargo, el Ministerio de Fomento ya se ha pronunciado, tras varios meses de dudas e incertidumbre, el secretario del Estado, Roberto Bermúdez de Castro ha dado la cara y en su viaje a la ciudad altoaragonesa ha dejado claro que ya no hay vuelta atrás debido al avance que poseen ya las construcciones de ambas autovías: “Cuando una obra ha estado a exposición pública mucho tiempo no tiene mucho sentido que ahora nos replanteemos una vuelta atrás. Estoy seguro que el Ministerio de Fomento en cuanto tenga disponibilidad económica seguirá adelante con la obra”; y es que en los Presupuestos del Estado del 2017, se recogió que se destinaría un millón de euros para iniciar los trámites de licitación del proyecto y un presupuestado de 116 millones de euros que se ejecutarían en cuatro anualidades.

Cara a Cara

La extrema situación avanza sin rodeos mientras la tensión y el conflicto en el pueblo de Jaca va a peor, politizándose los dos puntos de vista sin buscar un acuerdo que pueda beneficiar a ambas partes. Isidoro Raigón, trabajador de Repsol y en la estación de Candanchú y Trinidad López, miembro de ‘Jaca sin perder el norte’, representan a estas dos Jacas enfrentadas.

Isidoro, cuando es preguntado por su postura se declara “totalmente a favor” argumentando, como principal motivo la seguridad vial de la ciudad: “No puedo imaginar todo el tráfico existente entre Francia y España en materia de transporte pesado y que cada día transita con camiones de 32 toneladas los que transporta el maíz francés a distintos puntos de nuestro territorio”, explica.

Otro aspecto por el que el jacetano se muestra favorable a este proyecto es su ubicación debido a que “la otra alternativa que se plantea por los opositores es cambiar el trazado a caras o laderas orientadas al norte y todos sabemos lo que eso conlleva, mas hielo en invierno y mas kilos de fundentes para deshacer esas capas de hielo que cada día cubren nuestras carreteras en la época invernal, osea más agresión al medio ambiente”.

Y es que, según Isidoro, el impacto medioambiental es algo inminente, pero no por ello tan peligroso como hace unos años: “El impacto medioambiental de cualquier obra publica agrede de manera importante al entorno, pero hoy en día se realizan estudios para tratar de minimizar ese impacto y reponer de la mejor manera esas nuevas laderas que se crean con la construcción de una autovía, vía férrea, canales de agua, etc”. Los beneficios, como él defiende, serían mucho mayores para la zona altoaragonesa puesto que al mejorar la comunicación desde las zonas de Navarra y País Vasco y con la A-21 que conecta con el Levante supondrían un impulso para la economía local.

Una opinión completamente diferente tiene Trinidad López, una de las grandes impulsoras de la asociación ‘Jaca Sin Perder el Norte’, que tiene claro la gravedad medioambiental que supondría la variante para el paisaje del Valle de Aragón, el Río Aragón, su fauna, las huertas ante la contaminación acústica y la polución por el aumento de tránsito de camiones. Por otra parte, rechaza este proyecto debido a que “hay casas en el barrio norte, una residencia de ancianos y un hotel , que quedarían prácticamente pegadas a la autovía , con todos los inconvenientes que ello supone”.

Mientras la asociación de la que forma parte intenta concienciar a la población “la actitud del Ayuntamiento ha sido poco dialogante, pues se le han presentado alegaciones e informes en contra y ni siquiera las ha considerado. También  se ha presentado un trazado alternativo, pero se ha cerrado en banda y no quiere ni siquiera estudiarlo o  debatirlo”.
¿En qué consistiría esta alternativa? Trinidad lo explica: “La asociación  ‘Jaca Sin Perder el Norte’, propone un trazado que cruzaría el río gas e iría por debajo de la depuradora a coger la falda de Oroel, hasta Guasa. Sería menos agresivo con el paisaje y con el barrio Norte, y mucho más discreto visualmente. No hay que olvidar que es una zona con mucha tradición e historia de Jaca”.
Todo esto es un vivo reflejo de lo que está sufriendo todo el globo terráqueo. Paisajes exóticos, salvajes e inhóspitos son destrozados por el desarrollo tecnológico e industrial de la humanidad con el capitalismo como bandera, y el pueblo, impotente ante las decisiones desde “los de arriba”, cede ante tal avance. Y es entonces cuando surge este dilema, un dilema entre el interés propio o el de la comunidad, entre los beneficios económicos o los beneficios medioambientales, el desarrollo o la naturaleza… Una situación que crea entre el ser humano y su entorno una verdadera relación de amor envenenado.

Jaca y el conflicto de la variante

Spot turístico de Jaca

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Columna

Columna: La Cadiera, por Víctor Rapún

La hipocresía de la variante

El ser humano, por desgracia, es egoísta y los acontecimientos que están ocurriendo en los últimos meses en Jaca demuestran que esta afirmación no es una simple falacia. La variante era un proyecto que llevaba planificado desde hacía varios años pero no ha sido hasta ahora, cuando las orejas del lobo se asoman en sus casa, cuando los habitantes afectados de la ciudad altoaragonesa han salido a la calle para protestar contra el Ayuntamiento y su aceptación del proyecto.

De esta forma nació ‘Jaca Sin Perder el Norte’, una asociación que está creciendo poco a poco haciéndose eco de lo injusto que sería para ellos el paso de las autovías por su zona. La gente, como es lógico, empatiza con ellos pues a nadie le haría ninguna gracia que la tranquilidad de su casa fuera usurpada por una autovía de constante circulación. Todo es muy bonito, todo es cívico y respetuoso hasta que se comienza a escuchar de una manera más afianzada la alternativa que ‘Jaca Sin Perder el Norte’ propone. Su propuesta no es otra que cambiar el emplazamiento de la variante al sur de la ciudad; lo que, con otras palabras, “dejar el muerto a otro”.

Puede que haya sido el sentimiento de impotencia ante la decisión inamovible del Ministerio de Fomento o que crean de verdad que la variante en el sur de Jaca no haría tanto daño, pero la estrategia de esta organización ha perdido ese brillo, un brillo de honestidad que se refugiaba bajo la capa de “proteger nuestro medio ambiente”. Pero, ¿de verdad les interesa, en primer plano, el medio ambiente? ¿Por qué no se movió la población antes cuando las autovías aún no habían llegado a Jaca?

En el sur de la ciudad también existen casas y campos de cultivo, también hay un magnífico paisaje coronado con la Peña Oroel, seña de identidad para los jacetanos. Mientras los que están a favor, tienen claro su posición y van todos a una, los contrarios a la variante se dividen y rezo para que no se cree ahora un ‘Jaca Sin Perder el Sur’ que convierta a este conflicto en una verdadera batalla de barrios. Y todo por el egoísmo, un egoísmo camuflado bajo una hipocresía que ya no se puede sostener por sí sola.

Escrito por Victor Rapun el ene 26 2018. Archivado bajo Reportajes. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Los comentarios y pings están cerrados por el momento.

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