Lenguaje e igualdad: un desafío bidireccional

Sandra Albert | Marina Altur | Lucía Gandía

Paula Nieto | Silvia Pérez | Paula Velázquez

Valencia | 13.12.2017

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Como escribía el periodista David Marcial para El País, «la lengua otorga identidad, conciencia de uno mismo, atraviesa la vida y nos coloca en un determinado lugar del mundo». Las personas, seres sociales por naturaleza, necesitamos interactuar con nuestro entorno para subsistir. Con ese objetivo, nos valemos del lenguaje como principal herramienta comunicativa. Y es ese poder irrefrenable que tiene el que puede convertirlo en un arma de doble filo.

Es cierto que la lengua es una materia inerte, incluso inocente, pero ha sido construida y condicionada por la sociedad, de modo que, como todo lo pasado, encuentra sus orígenes en un sistema marcado por una masculinidad imperante.

Claudina Domingo, escritora mexicana, para El País: «Lo que hablamos es el resultado de épocas en las cuales se impuso una visión patriarcal de la sociedad»

El género es, según la Nueva gramática de la lengua española (NGLE), «una propiedad de los nombres y de los pronombres que tiene carácter inherente y produce efectos en la concordancia», por lo que constituye, a priori, un mero criterio de clasificación gramatical y morfosintáctica. No obstante, la complejidad se manifiesta a la hora de nombrar seres animados teniendo en cuenta el sexo del referente. En ese caso, la información que el sustantivo ofrece no es únicamente gramatical, sino también semántica. Es en este contexto donde emerge la conciencia del sexismo lingüístico.

El escritor y profesor Álvaro García Meseguer fue uno de los primeros investigadores que descubrió que la lengua española no era (ni es) sexista, sino que somos las personas, como hablantes y oyentes de la misma, las que la dotamos de connotaciones discriminatorias.

García Meseguer: «Se incurre en sexismo lingüístico cuando se emplean vocablos o se construyen oraciones que, debido a la forma de expresión escogida por el hablante y no a otra razón, resultan discriminatorias por razón de sexo»

Es este un tema no exento de controversia social ni de debates entre instituciones. En muchos casos, el sexismo lingüístico no se considera un problema de primera orden. En otros, ni siquiera se concibe como tal. Y, aunque no debería ser necesario recordarlo, el avance hacia una sociedad igualitaria no se entiende sin un cambio ineludible en la forma de expresarnos.

El alcance social

El sexismo lingüístico es también el resultado de una adquisición inconsciente de generalizaciones y expresiones con un significado discriminatorio implícito, algo a lo que han contribuido habitualmente los medios de comunicación.

Basta con salir a la calle para descubrir cuán interiorizado está el uso del lenguaje igualitario en la sociedad y comprobar las dudas que genera el desconocimiento de ciertas acepciones. Las conclusiones del pequeño experimento social realizado para la elaboración de este reportaje eran previsibles. Aunque algunas personas son conscientes de la aceptación de las marcas profesionales en femenino (como «médica», «óptica» o «jueza»), otras dudan de su existencia o les resultan extrañas. Además, la mayoría de las personas entrevistadas reconocían las connotaciones diferentes que adopta una misma palabra cuando se atribuye a un hombre o a una mujer.

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  • Experimento sobre el alcance social del sexismo lingüístico. Fuente: YouTube. Usuario: Sandra Albert

Por último, se preguntó qué palabra usarían para referirse a una mujer joven, si «señora» o «señorita», y la mayoría eligió «señorita» tras argumentar que era la denominación socialmente establecida para una mujer soltera y de corta edad, de modo que la concepción de la misma dependería de su relación con un hombre. En efecto, según el Diccionario de la lengua española (DLE), «señora» es un término de cortesía que se aplica a una mujer. «Señorita», en cambio, es el término cortés que se aplica a la mujer soltera, además de a maestras o secretarias. No existe, en cambio, una acepción simétrica para «señorito», cuyo significado es ‘joven acomodado y ocioso’.

El enfoque cultural y político

Además del alcance social del sexismo lingüístico, resulta pertinente conocer cuál es el nivel de sensibilización que se tiene al respecto en los ámbitos cultural y político. En el primer caso, la dinamizadora de cultura y juventud del Centro Matilde Salvador de Aldaia, Rocío Parrilla, asegura que el fomento de un uso igualitario del lenguaje —aunque cueste y moleste— es una parte indispensable de la lucha feminista, pues afirma que todo lo que no se nombra (las mujeres en este caso), no existe.

Sergio Gómez y Rocío Parrilla. Fuente: elaboración propia

Por su parte, el concejal de Juventud del Ayuntamiento de Aldaia, Sergio Gómez, respalda la necesidad de acabar con los micromachismos que adquirimos desde la infancia. Añade que, en la política, «la burocracia se come los tiempos», hecho que no justifica, sin embargo, la utilización del masculino genérico como modelo de informe tipo. Asimismo, manifiesta que el mayor error de la sociedad del siglo XXI es la falta de empatía, y que solo cuando ese problema desaparezca, podremos avanzar hacia una sociedad más justa e igualitaria.

La perspectiva lingüística

Marta Albelda. Fuente: elaboración propia

En cualquier caso, más allá de lo políticamente correcto, se debe respetar lo lingüísticamente correcto. La doctora en Filología Hispánica por la Universitat de València (UV) Marta Albelda asegura que la lengua ofrece infinitas posibilidades para visibilizar a la mujer cuando nos comunicamos. Así pues, enfatiza que la moderación es crucial para naturalizar el lenguaje igualitario y evitar el rechazo social. Al fin y al cabo, el uso hace la norma, y las conciencias, afirma Albelda, deben despertarse con una formación a todos los niveles.

Las miradas política, cultural y lingüística coinciden en que la falta de conciencia social acerca del lenguaje igualitario solo necesita tiempo y una educación adecuada. Tal vez, con la adquisición de las competencias apropiadas, podremos estar hablando en igualdad de condiciones, también lingüísticas, en un futuro cercano.

Fuentes:

  • MARCIAL, David. «¿Es sexista la lengua española?». El País [en línea]. 3 diciembre 2017. [Fecha de consulta: 3 diciembre 2017]. Disponible en: https://elpais.com/cultura/2017/12/03/actualidad/1512259900_135421.html
  • Real Academia Española. Diccionario de la lengua española [en línea]. 23.ª edición. [Fecha de consulta: 4 diciembre 2017]. Disponible en: http://dle.rae.es/?id=DgIqVCc
  • QUILIS, Mercedes. Usos y normas de las formas del género referido a personas en español. En: ALEZA, Milagros (coord.) et al. Normas y usos correctos en el español actual. 2.ª ed. Valencia: Tirant Humanidades, 2013. pp. 379-417.

Perspectiva política y cultural

El lenguaje que aprendemos, el lenguaje que usaremos

Desde una perspectiva política y cultural, hemos podido conocer las diversas acciones que se llevan a cabo en el Centro Juvenil Matilde Salvador de Aldaia y en la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de este municipio valenciano para lograr un lenguaje lo más igualitario posible, sobre todo, frente a la juventud.

En el centro de Juventud de Aldaia, como servicio de ocio y tiempo libre que es, se trabaja con la juventud para que tenga un tiempo de descanso cultural y educativo mientras los profesionales intentan «transmitirle otros valores y una educación más igualitaria». Para Rocío Parrilla, dinamizadora de cultura y juventud en el centro, el lenguaje es «importantísimo» para que la educación no sea discriminatoria, pues afirma que si [a las mujeres] no se nos nombra, no estamos presentes.

Mural del Centro Juvenil Matilde Salvador. Fuente: elaboración propia

Los esfuerzos por visibilizar a la mujer desde el centro juvenil también se reflejan en sus instalaciones. En ellas, se contemplan murales protagonizados y realizados por mujeres que dan un aire «joven» al centro. El emplazamiento público tomó la decisión de contratar solo a artistas urbanas ante la ausencia de estas en el arte urbano «porque las mujeres tenemos más miedo que los hombres». La dinamizadora de cultura y juventud asegura que las mujeres seguimos sin atrevernos a hacer ciertas cosas, pero que a lo que realmente tenemos miedo es a los hombres.

Además, la lucha contra el sexismo lingüístico queda plasmada en los escritos, la publicidad y los folletos que emite el centro. Estos son revisados para que siempre se trabaje con un lenguaje igualitario, «porque es difícil lograrlo cuando se emplea el castellano», aseguran Rocío Parrilla y Sergio Gómez, el concejal de Juventud del Ayuntamiento de Aldaia.

Sergio Gómez. Fuente: elaboración propia

Desde el plan de igualdad de género del Ayuntamiento, se imparten clases de formación para que la plantilla del centro juvenil escriba con un lenguaje igualitario, a pesar de que no se haga en todos los departamentos del Ayuntamiento, denuncia Rocío Parrilla. El concejal de Juventud del Ayuntamiento de Aldaia señala que la burocracia de la administración «se come los tiempos»; sin embargo, su compañera de juventud le advierte que, aunque cueste «diez minutos más», hay que corregir los textos para que sean inclusivos.

Ambos entrevistados muestran la importancia que tiene el lenguaje que aprendemos y adquirimos en nuestra niñez, ya que este puede hacer que, si no oímos expresiones en femenino, anulemos a las mujeres en el lenguaje. Sergio Gómez insiste en la necesidad de acabar con los micromachismos que adquirimos desde la infancia y asegura que «todo es [cuestión de] aprender y avanzar».

Rocío Parrilla. Fuente: elaboración propia

El método que ambos profesionales reconocen como el mejor para extender el lenguaje igualitario en la vida cotidiana es hacer hincapié en la Educación Primaria y la Educación Secundaria Obligatoria, porque «todo es más fácil» cuando aprendemos desde pequeños, asegura el concejal de Juventud. Por otra parte, Rocío Parrilla declara: «La gente mayor aprendemos de otras maneras: mediante la comunicación, con las películas, con los libros que leemos… Y [en todo ello] siempre se usa un lenguaje masculino». Por este motivo, la dinamizadora de cultura y juventud ve necesario que el lenguaje igualitario se consiga también en los medios de comunicación tradicionales y digitales.

Asimismo, un lenguaje que se ha construido en un sistema patriarcal no es una base factible para que se divulgue el lenguaje igualitario, sino que, como indica Rocío Parrilla, se ha de cambiar dicho sistema. Por su parte, Sergio Gómez declara que el mayor problema al que se enfrenta la sociedad es la falta de empatía, y que solo cuando ese problema desaparezca, podremos avanzar hacia una sociedad más justa e igualitaria.

La implicación de los hombres en esta lucha por acabar con el lenguaje sexista es fundamental para Parrilla, pues toda la ciudadanía ha de estar concienciada de que la mujer tiene cabida en la sociedad y, por ese mismo motivo, en el lenguaje. Las mujeres merecemos los mismos derechos que los hombres y ellos, asegura, deben dejar de tener privilegios.

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  • Entrevista a Rocío Parrilla y Sergio Gómez. Fuente: YouTube. Usuario: Lucía GP

Perspectiva lingüística

Marta Albelda: «La lengua no restringe; el poder está en las personas que la utilizan»

Marta Albelda, doctora en Filología Hispánica por la Universitat de València (UV), nos ha proporcionado una visión técnica del sexismo lingüístico y nos ha ayudado a descubrir las opciones que el lenguaje nos ofrece para usarlo de una forma no discriminatoria. Albelda define el lenguaje igualitario como «el deseo, la voluntad y la aplicación» de una forma de comunicarnos que visibiliza tanto la figura de la mujer como la del hombre y cuyo objetivo principal es «hacer visible expresa y explícitamente a la mujer», debido a las marcas de masculino genérico a las que tiende nuestra lengua desde su origen etimológico.

Marta Albelda. Fuente: elaboración propia

Así pues, puede parecer complicado evitar el sexismo en un lenguaje que sienta sus bases sobre una tendencia hacia el masculino. Sin embargo, personas como Marta Albelda, filólogas, tienen la misión de compaginar aquello que protege la gramática de la lengua con lo social, tratando de extraer todo el potencial a las reglas gramaticales para «hacer manifiesta esa presencia de la mujer en la comunicación».

Además, más allá de las convenciones de la lengua y su regulación, es de vital importancia fomentar un uso igualitario del lenguaje en el ámbito educativo. Marta Albelda, como profesora titular de Filología Hispánica en la UV, reconoce que en la Universidad ya se está fomentando, especialmente a través de la Unitat d’Igualtat de la Universitat de València, la cual no solo se dedica a «recoger testimonios y regular», sino también a «asegurar que la comunicación dentro de la Universidad es igualitaria».

La filóloga menciona también otras medidas, como las diferentes leyes que intentan regular esta cuestión o como el hecho de revisar los manuales de los niños para que tanto el lenguaje como las imágenes muestren una paridad. No obstante, Albelda enfatiza la importancia de los «discursos del profesorado» en las aulas, «los materiales que se crean» y las «actividades en las que se conciencia al estudiante de que tiene que visibilizar». Por tanto, hace referencia también a la formación de los educadores, la cual se está implementando últimamente y es esencial para lograr cambios en materia de lenguaje no sexista.

No obstante, es innegable que parte de la población manifiesta cierto rechazo hacia el lenguaje igualitario, tal y como afirma Marta Albelda, «porque parece que no es natural». Sin embargo, la filóloga apuesta por la idea de «sostener y resistir» empleando un lenguaje no sexista a pesar de la extrañeza que pueda generar hasta que se normalice y, después de una generación, se afiance su uso. Además, Albelda incide en la importancia de «un equilibrio y una moderación» para contribuir a que la gente incorpore este lenguaje con naturalidad, ya que algunas personas no lo valoran porque no ven «la trascendencia que hay detrás». A medida que estos usuarios de la lengua —en los cuales reside el problema, que no en la lengua en sí— vayan siendo conscientes de las repercusiones que puede tener utilizar un lenguaje que no discrimine, le encontrarán más sentido y lo incorporarán.

Evidentemente, el ámbito lingüístico es solo una parte de todas las que componen un sistema que hay que mejorar y convertir en igualitario, pero no cabe duda de que «la comunicación es una de las esferas humanas más comunes, propias y cotidianas». Nuestras relaciones sociales se basan en la comunicación, y el lenguaje juega un papel fundamental en ella. Así pues, Marta Albelda lo concibe como «una parcela pequeña», pero reconoce que «todo pequeño granito contribuye» y que la lengua constituye una faceta más, con tanta importancia como otras en la concienciación por la igualdad.

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  • Entrevista a Marta Albelda. Fuente: YouTube. Usuario: Marina Altur Ibáñez

Así pues, Albelda nos habla de algunos de los «métodos» que ella utiliza en su vida diaria para ayudar a difundir el uso de un lenguaje más igualitario. Uno de ellos consiste en sugerir la opción de una marca profesional en femenino si quien está hablando no la utiliza. Reconoce que «la primera mirada siempre es de asombro», ya que genera dudas respecto a la corrección. Pero es necesario hacerlo porque no solo está aceptado, sino que la Real Academia Española (RAE) penaliza no emplear la forma femenina, si existe, para designar un cargo profesional de una mujer. No es correcto decir «la matemático» ni «la juez», por lo que es de gran utilidad introducir en el habla de las personas de nuestro entorno formas como «la matemática» o «la jueza».

Del mismo modo, la filóloga afirma que, en sus clases y en la medida de lo posible, desdobla, es decir, se refiere a su alumnado como «vosotros y vosotras» y no solo como «vosotros». Reconoce que no es necesario desdoblar seis sustantivos seguidos, pero sí algunos, de forma que «despierta la conciencia de la gente» a través de su ejemplo en la comunicación, además de hacerlo mediante la corrección.

En cuanto a mecanismos no aceptados por la RAE, como el uso del femenino genérico, la letra «x» o el símbolo «@» para evitar desdoblar, Marta Albelda admite no tener «una opinión demasiado cerrada» al respecto. Debido a su profesión y a su naturaleza «bastante puritana lingüísticamente hablando», tal y como ella se define, Albelda no defiende la adopción de ninguna de estas medidas, ya que no son gramaticalmente correctas. No obstante, admite que, si se extendiera el uso de estos mecanismos y se apoyaran «con un poco de presión normativa», podría defenderlos; reconoce que se trata de un cambio que podría presionarse socialmente hasta que se naturalizara.

En base a la afirmación «no hay sexismo en la lengua, sino en el habla», Marta Albelda explica que «el sexismo no está en el sistema abstracto de la lengua, sino en el uso que hacemos de ella las personas que la utilizamos». La filóloga nos abre un mundo de posibilidades al hacernos ver que, partiendo de la base de las reglas gramaticales de la lengua, tenemos a nuestro alcance múltiples posibilidades para visibilizar a la mujer y decidir no discriminar con el lenguaje, sin necesidad de emplear mecanismos no reconocidos normativamente. La lengua no restringe, sino que ofrece infinidad de opciones «a nivel sintáctico, morfológico, léxico, semántico y pragmático». Por tanto, «el poder está en la persona», y en el caso de que no disponga de habilidad o competencia suficiente para emplear el lenguaje de una forma igualitaria, tiene la posibilidad de formarse.

Finalmente, Marta Albelda afirma tener esperanza en la erradicación de la discriminación lingüística debido a que ya se han logrado cambios al respecto y, con tiempo y «siempre y cuando se mantenga ese deseo de hacerlo», se podrá acabar eliminando. La profesora asegura que estamos llevando a cabo «una campaña de normalización y de normativización» y así es improbable no conseguir cambios.

Guía de uso

Guía de uso para un lenguaje igualitario

El avance de la sociedad debe fundamentarse en un desarrollo unánime de todas sus esferas, ya que todas ellas influyen directamente en nuestra vida. Así pues, todo progreso social debe ir acompañado de una evolución paralela en materia de comunicación, en tanto que, el lenguaje, como importante instrumento socializador, influye directamente en nuestra visión del mundo y en el modo en que nos relacionamos. De este modo, si queremos llegar a conseguir una verdadera igualdad de género, es imprescindible eliminar de nuestra lengua aquellas expresiones sexistas que no hacen más que perpetuar el modelo patriarcal en que vivimos.

Fuente: el diario de la Tercera Edad

A continuación, trataremos de ofrecer una guía que, a modo de orientación y sin pretensiones de establecer ningún tipo de imperativo, nos ayude a transitar por un lenguaje cada vez más igualitario.

En primer lugar, presentaremos una serie de construcciones o expresiones que, a pesar de estar bastante normalizadas en nuestra habla cotidiana, solo requieren un pequeño ahondamiento para percatarnos de que excluyen o discriminan a las mujeres, por lo que debemos tratar de evitarlas:

- Tal y como expresábamos anteriormente, los tratamientos de cortesía que clasifican a las mujeres como «señoras» o «señoritas» según su estado civil son discriminatorios. La condición de una mujer no debe, en ningún caso, variar según su relación con un hombre y solo es necesario invertir los roles para darnos cuenta de que nunca llamaríamos «señorito» a un hombre soltero.

- En nuestra lengua, existen una serie de vocablos que son distintos en cuanto a su significado en función del género. Son los llamados duales aparentes y siempre suelen tener una connotación negativa cuando se refieren a las mujeres. Un ejemplo paradigmático es el caso de «hombre público» y «mujer pública», pues en el caso masculino se refiere a un hombre con un cargo político importante, mientras que cuando se dirige a una mujer es sinónimo de «prostituta».

- Encontramos, además, los llamados vacíos léxicos, en los que una palabra masculina no cuenta con una forma femenina para denotar esa cualidad en una mujer. «Caballerosidad», por ejemplo, no dispone de una palabra femenina con la que podamos designar a una mujer «que se comporta con distinción, nobleza y generosidad» (DLE, 2015).

- Deben evitarse también las expresiones androcéntricas, es decir, aquellas que toman al hombre como referente y que se formulan a partir de su persona. La expresión «los varones iban con sus mujeres», por ejemplo, trata a los hombres como protagonistas, mientras que deja a las mujeres en segundo plano y en calidad de meras acompañantes.

Fuente: Unitat d'Igualtat de la Universitat de València

- Los saltos semánticos son un claro ejemplo de la exclusión de las mujeres que el lenguaje realiza en numerosas ocasiones. Para entender en qué consisten, nos basaremos en el siguiente ejemplo: «Los españoles prefieren el vino a la cerveza, y también las prefieren morenas». En este caso, se está excluyendo a las mujeres del supuesto masculino genérico «los españoles», de modo que se las trata como una categoría aparte y se propicia su exclusión.

- Se debe evitar el uso y abuso del género masculino como genérico, pues, como ya hemos visto, en numerosas ocasiones termina por tapar a las mujeres.

- También es importante evitar anteponer siempre el masculino en el orden de presentación, siendo recomendable combinar la anteposición del masculino y del femenino, así como el uso de sustantivos comunes o colectivos.

- Cabe destacar que el uso de la palabra «mujer» como aposición con el objetivo de dejar claro cuál es el sexo del sujeto no favorece en ningún caso su natural inclusión en el lenguaje y no hace más que presentarla como algo poco habitual y que debe ser destacado; existen muchas otras fórmulas que ayudan a identificar a las mujeres sin necesidad de explicitarlo. Así pues, no sería necesario decir «la mujer científica», sino que bastaría con decir «la científica».

- Algo mucho más grave en este sentido es la denominación sexuada de las mujeres, es decir, el hecho de llamarlas por su condición sexual y no por cualquier otro tipo de cualidad propia. Así pues, en el ejemplo «la empresa automovilística ha despedido a tres mujeres y a dos chapistas», se está ocultando el oficio de estas mujeres (y no el de los hombres), rebajándolas al mero hecho de ser del sexo femenino y anulando así cualquier tipo de mérito.

En segundo lugar, una vez identificados algunos de los muchos procedimientos lingüísticos que generan desigualdad entre hombres y mujeres, debemos aportar una serie de propuestas que nos ayuden a hacer un uso no sexista del lenguaje, pues, como sabemos, «no hay sexismo en la lengua, sino en el habla», de modo que está en nuestras manos erradicar cualquier ápice machista que pueda haber en nuestro uso del lenguaje.

- El uso de fórmulas de desdoblamiento y barras es quizás la primera opción que se nos viene a la mente, pues sirve para representar a ambos sexos. Así, para evitar el masculino genérico, podríamos utilizar «los becarios y las becarias» o bien «los/as becarios/as», por ejemplo. Sin embargo, no es el mejor mecanismo por lo que respecta a la economía del lenguaje, ya que, en ocasiones, puede resultar pesado o repetitivo.

- Sustituir el masculino por sustantivos auténticamente genéricos puede ser una buena opción para evitar los casos en los que el masculino genérico genera ambigüedades o puede acabar tapando a la mujer. Así pues, en la oración «todos los afectados recibieron una indemnización», por ejemplo, podemos sustituir el sustantivo masculino por el genérico «personas».

- En el mismo sentido, una buena estrategia sería el uso de sustantivos colectivos que eviten tener que utilizar solo el masculino genérico o estar desdoblando continuamente. Algunos ejemplos podrían ser «el voluntariado» por «los/as voluntarios/as», «el alumnado» por «los/as alumnos/as», etc.

- Otro mecanismo de este tipo es el uso de sustantivos abstractos para aludir a una profesión, como por ejemplo «la alcaldía» por el «e/la alcalde/esa» o «la concejalía» por «el/la concejal/a».

Fuente: Centro de recursos Alboan

- Puede recurrirse también al uso de perífrasis que, aunque puedan alargar una oración, sirven para no tener que utilizar un sustantivo con marca de género. Así pues, podríamos sustituir «los médicos» por «las personas que ejercen la medicina».

- La metonimia es un fenómeno de cambio semántico por el cual se designa una cosa o idea con el nombre de otra, sirviéndose de alguna relación semántica existente entre ambas. De este modo, podemos usar la metonimia para intercambiar los sustantivos con marca de género por otros vocablos con los que sostengan algún tipo de relación. Un ejemplo de este fenómeno es la oración «Catalunya votará el día 1», pues, aunque está claro que quien vota no es Catalunya en sí, sino los catalanes, todos entendemos el cambio y así evitamos usar el sustantivo masculino.

- Los imperativos y las estructuras impersonales son un tipo de construcciones lingüísticas que permiten omitir el sujeto de la oración, por lo que no sería necesario utilizar un masculino genérico o desdoblar. Así pues, en lugar de «los candidatos deben enviar el currículum a la empresa», podríamos decir «enviad el currículum a la empresa». Del mismo modo, podemos sustituir «el juez dictará sentencia» por la oración impersonal «se dictará sentencia» (en caso de que no sepamos si se trata de un hombre o de una mujer).

- Por último, algo muy importante, y de lo que ya hemos hablado en el presente reportaje, es la necesidad de feminizar los términos siempre que sea posible, de modo que no digamos «la juez» cuando existe la forma «jueza» y, además, es la única correcta para referirnos a una mujer «que tiene autoridad y potestad para juzgar y sentenciar» (DLE, 2015).

Fuentes:

Escrito por Marina_Altur el dic 13 2017. Archivado bajo Reportajes. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Los comentarios y pings están cerrados por el momento.

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