El mundo de la noche: la cultura de la fiesta

SANDRA CÓRDOBA | NURIA VALLADOLID | MARTA MENEU-BORJA | SOFÍA LLÀCER | PAULA PÉREZ | ALBA DEL MORAL

Valencia, 13 de diciembre

El término “subcultura” hace referencia a un grupo de personas que comparten una serie de creencias y comportamientos comunes, por lo que no resulta desmesuradamente descabellado afirmar que los jóvenes, efectivamente, conforman su propia subcultura. Dentro de los diferentes escenarios en los que la “subcultura juvenil” se hace evidente, encontramos el mundo de la noche y de la fiesta, el mundo del ocio nocturno. Discotecas, botellones, amistades efímeras, trajes de lentejuelas y amores de una noche son señales luminosas que resaltan y constatan conductas y pautas a partir de las cuales los jóvenes elaboran su propio reglamento implícito sobre cómo vivir este ocio nocturno. Un reglamento en el que el género, la forma de vestir, de beber y de actuar tienen unas imposiciones y limitaciones muy concretas y dignas de ser analizadas. De hecho, la mayoría de jóvenes reconoce que, el ser lo suficientemente mayores para poder comprar bebidas alcohólicas, para poder volver a casa a la hora deseada (o para poder hacerlo con alguien) les produce cierto sentimiento de autonomía, de libertad, que se traduce en dependencia. Y para ser parte de estas prácticas es necesario amoldarse a sus condiciones. “Cuando sales de fiesta ves que todas las chicas suelen ir maquilladas y guapas, y tú no quieres ser menos”- afirma María, una estudiante de 19 años del barrio valenciano de Benimaclet – “En todo momento eres muy consciente de que la gente va a fijarse en cómo te ves”. Sin darse cuenta, María ha dado con la raíz del problema: hay una tendencia generalizada en el sexo femenino de relacionar, inconscientemente, ir maquillada y arreglada con ir guapa. “En realidad yo no me fijo”, discute su compañero Álvaro. Pero luego rectifica: “Aunque la verdad es que no suelo ver muchas chicas de fiesta que no cumplan con un determinado perfil”. Esa es la idea: existe un perfil adecuado de joven de fiesta. Y lo que se sale de este perfil, es repudiado, por los propios afectados por él. Existe un rol, un papel a cumplir de fiesta. Un rol que desencadena una serie de consecuencias, tanto físicas como psicológicas. Un rol, fruto de una constante exposición de los jóvenes a una manera de vivir y de ver la vida. Nosotras nos preguntamos: ¿en qué consiste este rol?

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Cultura de la fiesta

¿Dónde y cómo salen los jóvenes españoles?

Un estudio elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud titulado La marcha nocturna: ¿Un rito exclusivamente español?, determina que el 78% de los jóvenes españoles dice salir por la noche y, casi la mitad de ellos, un 46’4%, afirma que regresa a casa antes de las tres de la madrugada.

Los jóvenes españoles salen más, con un incremento de casi seis puntos con respecto a los datos sondeados en 2007 ─un 72’2%─. Entorno a la mitad de los encuestados que declararon salir de noche afirmaron que lo hacían una o dos veces al mes y un 30%, todos o casi todos los fines de semana. Esto ocurre especialmente durante el curso estudiantil en los fines de semana, aunque en las ciudades universitarias se suele ampliar a la noche del jueves.

A pesar de que el informe concluye que existe un mayor tráfico de ocio nocturno, los datos demuestran que los jóvenes españoles vuelven a casa más temprano que hace una década: un 46’4% de los jóvenes vuelve a casa antes de las tres de la madrugada frente a un 30% del 2007. Mientras que hace diez años menos del 10% de los jóvenes volvía a casa antes de la una de la madrugada, ahora lo hace un 20%. También se pude apreciar que la hora preferida para volver a casa se ha retrasado una hora con respecto al 2007, por aquel entonces era entre las tres y las cuatro y ahora entre las dos y las tres.

Tabla de datos :: El Español

Estos cambios pueden resultar contradictorios puesto que el estudio afirma a su vez que los jóvenes invierten más horas que nunca al ocio: una media de 41 horas a la semana frente a las 17 horas del 2003. Ocio que invierten en salir más de fiesta.

La investigación que estudia también los lugares más regentados por la noche, revela que un 62’6% de los jóvenes dice ir a bares, un 35’5% a casa de unos amigos y el 38’5% a discotecas. Además, los espacios de ocio se han ido diversificando: planes en la playa, copas en bares, botellones…De hecho, el informe Espacios e itinerarios para el ocio juvenil nocturno sostiene que un 72% de los jóvenes visitan entre cuatro y ocho lugares a lo largo de la noche y un 13% más de ocho.

Por otra parte, estos nuevos espacios cumplen funciones diversas y fácilmente reconocibles. Por ejemplo, la segunda residencia o piso estudiantil es utilizado para organizar fiestas, beber alcohol antes de salir, charlar con los amigos… En verano la fiesta se desplaza a las calles donde los más jóvenes, forman grupos para escuchar música, pasar el rato o beber. Suelen organizarse raves ─fiestas al aire libre─ que, en ocasiones, se prolongan varios días y conforman una ruta imaginaria de fiesta por los diferentes pueblos.

¿Por qué salen los jóvenes españoles?: La cultura de la fiesta

La cultura juvenil es una subcultura compuesta por los jóvenes que se ha insertado dentro de la sociedad. Los valores que rigen esta subcultura se perciben y pretenden ser diferentes de los del resto de la sociedad, especialmente aquellos que se identifican con los adultos.

A partir de los 80, con la llegada de la movida, se creó una nueva cultura juvenil basada en la fiesta que pretendía rellenar con la diversión, lo estrafalario, el consumo de drogas y el narcisismo, los huecos del vacío cultural en el que estaba creciendo la recién nacida democracia. Fue en esta época cuando se llevó a cabo la identificación definitiva entre juventud y noche

¿Pero porque han elegido este espacio como forma de expresión en particular?

El estudio Espacios e itinerarios para el ocio nocturno realizado por Joan Pallarés Gómez y Carles Feixa Pampols aborda la importancia de la cultura de la fiesta en el imaginario juvenil. El estudio afirma que el ocio juvenil se articula en el fin de semana, principalmente entre el viernes y el sábado noche. Los jóvenes se han apropiado de esa franja horaria y la han tomado como un punto de encuentro alejado de las normas del mundo adulto donde seguir sus propias reglas.

Esto se debe en parte a un continuo prolongamiento de la edad de “transición” a la adultez como consecuencia de la incertidumbre con respecto al futuro. Los jóvenes se sienten protagonistas del mundo de la noche, un lugar que para ellos nada tiene que ver con el universo de los adultos. De hecho, el estudio de Pallarés y Feiza demuestra que el motivo de esa “teatralización” de la noche con comportamientos de riesgo como sexo, alcohol, drogas, conducción temeraria o violencia, son mecanismos para marcar distancias claras de identidad con lo que ellos creen que representa ser adulto.

La conquista de la vida nocturna está ligada a la transición a la madurez y simboliza un gran cambio: más libertades, poder beber abiertamente, acceder a determinados locales… Es una forma de reafirmar una identidad nueva y de demostrar su autonomía ante la imposibilidad de hacerlo por medio del trabajo o las responsabilidades. Resulta curioso como las herramientas y rituales que utilizan los jóvenes para desmarcarse del mundo adulto funcionan, a su vez, como método de acercamiento a esa vida adulta.

Jóvenes de botellón :: Google

Los jóvenes buscan autoafirmarse y crear una identidad propia, pero siempre bajo el amparo del grupo. El “grupo” es el elemento central de la juventud. Por eso, se buscan espacios para compartir y vivir esas experiencias de forma gregaria.

A diferencia de los que ocurre en décadas anteriores, ahora los grupos son más diversos estética e ideológicamente. Las características que unen a los individuos se relacionan con la edad, la situación de dependencia con respecto a los adultos y los procesos de transición a la madurez similares.

Algo similar ocurre con los espacios de ocio juvenil. En los ochenta los espacios se identificaban con un estilo juvenil determinado por la música y la estética. En cambio, des de los noventa, los pubs y discotecas acogen ambientes más variados

A pesar de que la vida nocturna supone un refugio para los jóvenes, la apropiación de la noche tiene también consecuencias. Por una parte, la juventud ha adoptado una cultura de consumo de drogas normalizada socialmente. De forma que los individuos no se sienten “dependientes” o “adictos”.

Por otra, supone un alejamiento del mundo productivo, que se disfraza con el discurso del “vive ahora como  quieras”, es decir, disfrutar y evadir responsabilidades. Pero, por otra parte, se les pide que no traspasen los límites.

En definitiva, socialmente se justifican las experiencias juveniles como cuestiones propias de la edad, pero ocurre a su vez todo lo contrario: la subcultura juvenil se asocia con múltiples connotaciones negativas como la violencia o la irresponsabilidad que definen la imagen pública de los jóvenes y los estigmatiza.

El consumo de alcohol

JÓVENES: EL CONSUMO DE ALCOHOL

La edad media actual de inicio de consumo de alcohol se sitúa en torno a los 13,5 años en España.

Hace cuarenta años no existía cultura ni prácticamente figura juvenil. No existía el joven como categoría social. Ser joven era una edad, y socialmente era un momento de paso entre la infancia y la plena responsabilidad del ser adulto. Desde hace unas décadas esta figura juvenil, que dispone de un espacio central, que deja la infancia, maneja abundantes recursos, marca sus tiempos, sus propios ritos, sus propias actitudes, se mueve en la ambigüedad de roles y responsabilidades, entre el aprendizaje, la obediencia familiar y una creciente libertad.
Concepción Vinader, profesora de Psicobiología de la Universitat de València remarcó que “el grupo de iguales” condiciona el comportamiento de los menores en el consumo de alcohol, ya que inhibe la responsabilidad individual,favorece la dependencia y el conformismo, limita la toma de decisiones libres y presiona las “conductas inadecuadas”.

Vinader apuntó que la adolescencia es un periodo de cambios cerebrales, fisiológicos y de maduración, lo que provoca que el menor dentro de su “grupo de iguales” contribuya a probar nuevas experiencias para ajustarse a una mayor cohesión social: “El alcohol no se percibe entre los adolescentes como una sustancia peligrosa y eso es peligroso en sí mismo”.

La experta en psicobiología sostuvo que existen diferentes patrones de consumo en el menor, entre los cuales cabe destacar el Binge Drinking, caracterizado por la ingesta de grandes cantidades de alcohol de alta graduación. El patrón tiene en cuenta factores como la cantidad y la frecuencia de consumo. “El consumo de riesgo para hombres es de cuatro Unidades de Bebida Estándar (UBE), equivalentes a 40 gramos de alcohol, mientras que en las mujeres engloba unas 2,5 unidades, es decir, 25 gramos; además ha de producirse al menos una vez al mes o cada dos semanas”, afirma Vinader.

Botellón :: Google

Además señaló que los efectos del alcohol afectan principalmente al córtex prefrontal y el hipocampo, regiones del cerebro que se encuentran en maduración: “Puede causar déficits cognitivos, de aprendizaje o memoria,repercutiendo en el rendimiento académico”.

Los hombres presentan en general, un mayor consumo que las mujeres, un factor que cambia durante la adolescencia. “Algo que me preocupa es que las chicas menores consumen un 2,9% más que los chicos, por tanto, es más neurotóxico en la mujer que en el varón”, destaca la experta.

Vinader propone que se incluya este tipo de información en asignaturas como biología o educación para la ciudadanía sin olvidar que las campañas de prevención han de ser constantes, para conseguir en los menores un “grupo control”.

El relato de la ocupación del tiempo libre en actividades como el cine, o el deporte y la lectura, queda prácticamente borrado por el entusiasmo que suscita la rememoración del salir de fiesta. Este relato de lo festivo siempre aparece tamizado por el uso y abuso de alcohol.

La droga más socializada, el alcohol, opera en las noches de fiesta, puesto que ayuda a la comunicación y a una cierta pérdida de los controles que se sustentan en las relaciones de la vida cotidiana, excesivamente sujetos a un comportamiento derivado de los estatus y los roles.
El ocio aparece como el espacio mitificado de la libertad juvenil; así el alcohol tiene un carácter paradigmático, en el sentido que vincula la separación de los espacios de la rutina (semana) y los de la libertad de lo espontáneo o lo desconocido (fin de semana).

Realmente no existe placer en el consumo de bebidas alcohólicas, sino deseo de conseguir un estado que posibilite en mayor grado el vínculo social, sobre todo fuera de la cuadrilla de pertenencia. De ahí que la calidad del producto no constituya valor a la hora del consumo; sí en cambio se valora la graduación alcohólica o el menor precio de la bebida. Cuanto menor es la edad de los individuos, el espacio temporal para alcanzar ese “clímax” debe ser menor (por los horarios que imponen los padres y madres). Pero también lo es la cantidad económica que posibilite el tránsito.
En cuanto al cambio en los patrones de consumo, se observa una disminución del vino, que era frecuente en cada comida años atrás, así como también un aumento de bebidas destiladas, puesto que la ginebra o el ron (Larios y Negrita son las marcas más vendidas) protagonizan hoy el consumo de los jóvenes.

Alcohol Mercadona :: Google

Para indagar más en el tema del alcohol preguntamos a S. T., encargada de Mercadona, quien afirmó que los días que más alcohol se vende son los jueves, los viernes y los sábados. Aseguró que aunque la venta de cerveza es superior, los ingresos se igualan con las demás bebidas destiladas por su precio de coste inferior.
La encargada destacó que los chicos compran más alcohol que las chicas y que no se da el caso de que los padres se lo compren a los hijos; afirmó que en vísperas de un festivo como Nochevieja llegan a vender alrededor de 1.000 botellas, mientras que un jueves normal venden unas 200.

La trabajadora de Mercadona explicó que los jueves la venta es mucho mayor porque los sábados, al estar en una zona universitaria, los estudiantes vuelven a sus localidades. Aseguró que los jóvenes se gastan una media de 30€ en alcohol, que supera la cantidad destinada a lo que se gastan en comida. “Prefieren más cantidad que calidad”, afirmó la encargada.

S. T. remarcó la diferencia entre marcas dependiendo de la edad. “Los jóvenes que vienen a comprar, compran barato. Los jóvenes que vienen a robar, roban caro”, aseguró. Subrayó que su obligación es pedir el DNI a todos aquellos que compren bebidas alcohólicas, y que lo cumplen “a raja tabla”.

Nosotras nos encargamos de contrastar esta visión preguntando a Natalia Sanchis,una estudiante de 19 años, que coincidía en cuestiones como lo que se gastaba en alcohol, pero aseguraba que más de una vez había comprado alcohol sin tener que mostrar el DNI. “No me suelen pedir el DNI cuando compro alcohol y muchas veces lo he comprado sin enseñarlo, incluso cuando era menor”, afirmó.

Perspectiva de género

Ocio con perspectiva de género

El ocio es un ámbito más de la sociedad, lo que significa que recrea las relaciones y las estructuras de la sociedad patriarcal donde se inserta. Según Maria Garcia, estudiante de Sociología en la Universitat de València (UV) y miembro del colectivo feminista valenciano Femme Sororitat, este hecho implica que el hombre tiene la posición de sujeto y la mujer de objeto, una relación de inferioridad que explica la sexualización, la cosificación, el acoso o las agresiones a las que se ven expuestas las mujeres en el mundo de la noche y por las que muchas viven con temor. Garcia habla de la “violación simbólica” para referirse a ello.

es algo que no ha pasado, que no ha ocurrido, pero sabemos que está ahí y que es un peligro que sólo tenemos nosotras

Un ejemplo de este miedo son las diferentes maneras que cada mujer se busca para sentir seguridad a la hora de caminar sola por la calle de noche. La twittera y columnista de eldiario.es Barbijaputa elaboró en 2015 un hilo en Twitter preguntando por estos métodos. Hacer como que hablas por el móvil, ponerse las llaves entre los dedos como si fueran pinchos o incluso llevar un spray o un pito encima fueron algunas de las respuestas de este hilo. Trucos que evindencian el estigma con el que tienen que vivir las mujeres cada día.

Primer tuit del hilo.

Las agresiones sexuales no son lo único que ha de experimentar una mujer. En 2016, el director Maxime Gaudet denunció el miedo y el acoso callejero que sufren las mujeres mediante el cortometraje Au bout de la rue (“Al final de la calle”).

“Estas cosas suceden y las mujeres no pueden hablar claramente de ello porque reciben como respuesta: ‘Vale, pero no te ha pasado nada finalmente’. El acoso callejero es cruel”, afirmaba Gaudet para explicar el vídeo.

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Maria Garcia afirma que es necesario un cambio estructural del ocio. “Si queremos desmarcarnos de la sociedad patriarcal también tenemos que desmarcarnos del tipo de ocio, que es funcional para el sistema”, reitera. Para ello no sólo se necesita educación; la misma industria del ocio tiene que experimentar una evolución desde dentro. Un ejemplo que explica Garcia es el de una chica feminista que trabaja como community manager y que lucha para que la publicidad de la discoteca donde trabaja no sea sexista y no cosifique a la mujer. Su colectivo, Femme Sororitat, también actua en el ámbito del ocio. En la pasada edición del Festivern, un festival de música en valenciano que tiene lugar todos los años en la localidad de Tavernes de la Valldigna con motivo de Nochevieja, Femme Sororitat y otros colectivos feministas llevaron a cado el llamado Punt Violeta de manera autónoma.

“El Punt Violeta es una manera de ejercer la sororidad. Tú no estas sola contra estas agresiones, tienes a tus compañeras que sí que te van a creer”, afirma Garcia.

La iniciativa consiste en un grupo de voluntarias con formación y con un protocolo de actuación en casos de agresiones machistas que van debidamente identificadas para que las víctimas de posibles agresiones puedan acudir a ellas. El Punt Violeta se ha repetido en varios festivales de música y se está intentando que esté presente en otros ámbitos festivos como las fiestas de los pueblos o los conciertos.

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Escrito por nuria_valladolid el dic 13 2017. Archivado bajo Reportajes. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Los comentarios y pings están cerrados por el momento.

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