Refugios y migraciones forzosas: los resquicios de la Guerra Civil

Sara Chaparro Villaescusa, Cristina Doménech Hernández, Saray Fajardo Saines, Natalia Fernández Gómez, Ana Belén Jiménez Carrillo, Ainhoa Vila Albert

Nos situamos en el 18 de julio de 1936. El gobierno de la II República, presidido por Manuel Azaña, recibe un duro golpe: parte del ejército español situado en Marruecos, incluidos generales tan beligerantes como Francisco Franco, se sublevan en contra del régimen. Inmediatamente, se declaró el estado de guerra y se accionó el mecanismo que llevaría a España a la Guerra Civil, pues, ese mismo día, el general Mola se sublevó en Pamplona.

A lo largo de los tres años de conflicto, las familias españolas, desorientadas ante esta situación, se plantearon una disyuntiva existencial: ¿refugiarse en los crecientes escondites que se construían o migrar hacia países vecinos? Este reportaje es un intento de explicar las diferentes posturas por las que optó la población.


Los refugios, la variante para los que no querían abandonar su hogar
Una primera posibilidad era encontrar sitio en un refugio cada vez que los bombardeos se intensificaban. La Junta de Defensa Pasiva, creada por el Ministerio de Defensa, se encargó de estas construcciones. El principal objetivo que se perseguía era proteger a la población civil de la metralla y del impacto de los proyectiles que lanzaban los aviones. Estos refugios debían tener como mínimo dos entradas por si una bomba destruía o inutilizaba una de las bocas, por lo que estaban en vértices contrapuestos.


Valencia, como capital de la II República durante la Guerra Civil, fue atacada por aire y mar. La ciudad soportó innumerables bombardeos que destruyeron más de 900 edificios. La cifra de víctimas mortales ascendió hasta alcanzar las 847 unidades, también los heridos fueron muchos: 2800, aproximadamente. Los refugios seguían siendo insuficientes, pues solo podían albergar al 12 % de la población valenciana de aquella época.


Entre estos destacan los refugios escolares, construidos en los patios de los colegios. Con ellos, se intentaba que los estudiantes se resguardaran rápidamente y con la mayor seguridad posible durante un ataque. Algunos de los que se distinguen son el refugio del centro educativo Balmes, el del Lluís Vives, el de García Lorca, el de Padre Huérfanos, entre otros.


Refugio del colegio Lluís Vives. Fuente: DolceCity


El refugio del IES Lluís Vives, que actualmente es el que más relevancia tiene por su tamaño y buen estado, empezó su construcción en 1938. Cuando sonaban las sirenas, profesores y alumnos bajaban rápidamente al refugio utilizando unas rampas que estaban en el interior del instituto y que hoy ya no existen. En los años 70, una reforma eliminó las dos rampas y se erigió en su lugar una escalera que se encuentra en el patio. El escondrijo se convirtió en un almacén. El refugio todavía mantiene sus cuatro galerías que son atravesadas por pasillos perpendiculares que se comunican.


Refugio antiaéreo de Requena. Fuente: propia


La ciudad de Requena también mantiene su refugio en buen mantenimiento y a día de hoy, es posible visitarlo. Sus túneles están conectados y recorren la roca tobácea del barrio de La Villa. Se tiene constancia, tanto por vía escrita como por vía oral, de que estos túneles fueron acondicionados como refugio antiaéreo durante la Guerra Civil. Sin embargo, no llegaron a utilizarse como tal debido a la ausencia de bombardeos aéreos en Requena.


Según está documentado, la excavación de túneles de este tipo se remonta a más de 2500 años, en China. Allí, se excavaban túneles bajo los muros de una ciudad que estaba siendo sitiada para conseguir su derrumbe y facilitar el asalto. Con la aparición de la artillería moderna, este sistema no llegó a su fin, ya que los cañones de finales del siglo XIX y principios del XX no eran eficaces frente a estas minas.


Al estallar la Guerra Civil Española, en 1936 se acondicionaron, como ya se ha señalado, como refugio antiaéreo.


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Las migraciones forzosas, el adiós a los orígenes



La segunda alternativa formulada -y, en algunas ocasiones, forzada- fue abandonar las tierras natales y probar suerte en otro lugar.


Para Antonio Cánovas Lapuente, uno de nuestros protagonistas, la solución pasó simplemente por el exilio. El joven tan solo había soplado 16 velas cuando estalló la Guerra Civil, en 1936. Ese mismo año, se alistó voluntariamente en el Partido Socialista Unificado de Cataluña y se fue al frente, en el que luchó en el bando republicano hasta la rendición de su unidad, el 12 de febrero de 1939. También se vinculó, durante poco tiempo, a la guerrilla antifranquista, más conocida como “maquis”, en la que simulaba que era un leñador, cuando en realidad, fabricaba maletas con doble fondo para pasar documentación a España.


Antonio Cánovas. Fuente: Jorge Cánovas


Pronto, comenzaron sus peripecias en el exilio. Su recorrido lo inició el mismo día de su rendimiento, el 12 de febrero de 1939, cuando cruzó la frontera francesa a través de Le Perthús. Durante poco menos de un año, pasó por tres campos de concentración: el de Argelés-sur-Mer, Adge y Saint Cyprien, tras los que fue a parar a un campo de trabajos forzados en Brest (Francia) en 1940. No obstante, tras una pequeña tregua de 24 horas, consiguió embarcar en un navío francés para huir de los alemanes, en un contexto en que la 2º Guerra Mundial amenazaba con destruir el planeta.


Su destino fue finalmente Casablanca (Marruecos). Inmediatamente, fue redirigido al campo de trabajos forzados de Bouarfa, en la frontera con Argelia. Su tarea consistía en construir un ferrocarril bajo el mandato de las autoridades proalemanas del gobierno de Vichy.


Tiempo después, fue liberado y regresó a Casablanca, donde formó una familia. Fue en 1962 cuando se animó a regresar a su venerada Barcelona. No sabía cómo iba a ser su recibimiento: ¿le mandarían a prisión?, ¿le perseguirían? Era evidente que, con Franco al mando, sus cartas no eran demasiado buenas. Sin embargo, la suerte se puso de su parte, y logró instalarse en la ciudad. Hoy, 54 años después de su retorno, Antonio Cánovas es un nonagenario que mantiene una mente ávida capaz de evocar recuerdos de una época tempestuosa.


Gil Hernández, de joven. Fuente: propia

Gil Hernández Esteban abandonó su pueblo, Villalba Baja (provincia de Teruel) cuando tenía poco más de 20 años. Los republicanos se aproximaban por la Sierra de Castelfrío, mientras que los nacionales avanzaban por Poniente, y justo en medio, se situaba esta pequeña aldea, que apenas contaba con 500 habitantes. A día de hoy, según el último censo realizado en 2012, únicamente residen 187 personas.


En sus calles, se sitúan fatídicos episodios que han marcado la historia del pueblo, entre los que destaca la explosión que se produjo en la entrada del túnel por el que pasaría la línea de ferrocarril que uniría Teruel y Alcañiz, y que debido a la guerra, jamás llegó a pasar por el pueblo. A día de hoy, la estación en la que hubiese parado el tren se encuentra en ruinas y el único rastro que queda de la vía que jamás llegó a terminarse es un terreno aplanado visible desde la N-420.


En este pueblo, también se encuentran unas cuevas de origen musulmán que sirvieron de refugio para los residentes de la localidad. Sin embargo, hoy en día, el acceso a estas no es seguro, debido a que todavía quedan bombas bajo tierra que podrían explotar en cualquier momento. De hecho, entre 2014 y 2016 se han desactivado más de una veintena de artefactos localizados en los alrededores de la aldea.


En definitiva, la Guerra Civil ha dejado una cicatriz desgarradora e imborrable en el pueblo, cuyos habitantes vieron cómo sus posibilidades de prosperar se estancaban. En nuestra visita, nos topamos con edificios en ruinas e inscripciones y agujeros de proyectiles de guerra en las fachadas de las casas. La devastadora situación del pueblo forzó a Gil a migrar a las crecientes urbes españolas. Su ilusión de desarrollar una vida tranquila en el pueblo que le vio nacer se desvaneció por completo. El destino escogido fue Valencia, donde reside en la actualidad junto a su familia.


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El tercer y último protagonista de este reportaje es Ricardo Samper Ibáñez, el único presidente valenciano del Gobierno de España que, tras el golpe militar del general Franco, decidió exiliarse a Suiza en 1936. Samper también fue alcalde de Valencia, diputado de las Cortes y Ministros de Trabajo y de Industria.

El relato de su historia nos llega de la mano de José Francisco Samper, historiador y familiar del expresidente de la II República.

José Fco. Samper relata que el posible motivo de la migración de su tío abuelo fue su “delicada posición” al estallar el conflicto, pues tras haber sido Presidente de la República y también haber pertenecido a un partido de centro derecha, Samper se pudo haber sentido amenazado por ambos bandos. Jose Francisco desconoce con exactitud qué pasó con su familiar durante el exilio. Únicamente sabe a ciencia cierta que falleció de tuberculosis en un sanatorio de Leysin, en Suiza, en 1938.

Ricardo Samper Ibáñez. Fuente: fotografía propia

Actualmente, existe en la capital del Turia una calle que lleva el nombre de “Diputat Ricardo Samper”, en el barrio de Zaidía. Sin embargo, Compromís presentó el año pasado una propuesta para que la calle pasase a denominarse “President Ricardo Samper”. Desafortunadamente, como confiesa duramente José Francisco Samper, “la historia siempre la escriben los vencedores”, pues, a día de hoy, existen numerosos símbolos franquistas en las calles valencianas, mientras que parece que la figura de Ricardo Samper haya caído en el olvido.

En definitiva, la Guerra Civil causó muchos estragos a la población española, no solo físicos, sino también psicológicos. Amargos recuerdos que permanecen intactos en las memorias de millones de personas pero que, paradójicamente, han podido ser canalizados para seguir escribiendo la historia.

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Ley de Memoria Histórica

Manifestación del 20N en Madrid, a favor de la Ley de Memoria Histórica

La ley de Memoria Histórica, ley 52/2007 de 26 de diciembre, ha comportado una nueva fase en la reparación y reconocimiento de las víctimas de la Guerra Civil y el Franquismo. Así, a través de un portal impulsado por el Gobierno de España, los ciudadanos pueden acceder a la información de los archivos, los registros o fondos documentales públicos.

El objetivo de esta ley recoge que “el espíritu de reconciliación y concordia, y de respeto al pluralismo y a la defensa pacífica de todas las ideas, que guió la Transición, nos permitió dotarnos de una Constitución, la de 1978, que tradujo jurídicamente esa voluntad de reencuentro de los españoles, articulando un Estado social y democrático de derecho con clara vocación integradora.” Además, también establece que las Administraciones Públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura. También podrá incluirse la retirada de subvenciones o ayudas públicas. Por consiguiente, hay que señalar que no todos los ayuntamientos están dispuestos a retirar estos símbolos.
Sin embargo, esta ley ha comportado diferentes discrepancias entre los distintos partidos políticos. Así, Mercedes Caballero, diputada a las Cortes Valencianas, ha destacado que en la Comunidad Valenciana han tenido que soportar durante casi ocho años que alcaldes y alcaldesas mantuvieran honores franquistas sin que nadie les apercibiera por su actitud, e incluso que aquellos que sí que cumplían con la ley fueran acosados por fuerzas antidemocráticas sin que nadie les defendiese. Por lo tanto, ha señalado que conviene que dejen de hacer demagogia con una materia que costó la vida de tantas personas.
Tras la muerte del dictador, todavía existen muchos monumentos, placas y calles españolas que contienen símbolos franquistas. Los historiadores consideran que todo símbolo que conlleve una identificación con la dictadura no debería existir, aunque al Estado no le ha interesado seguir con la Ley de Memoria Histórica.
Sin embargo, no todas las Comunidades Autónomas han retirado sus símbolos, entre ellas se pueden destacar: en la Comunidad Valenciana, todavía existen escudos en la sede de Capitanía General y dos colegios públicos; en Andalucía, el ayuntamiento de Sevilla aún mantiene la calle de Carrero Blanco, entre otros, y en Galicia, todavía existen arterias bautizadas como División Azul o Caídos.

Con motivo del aniversario de la muerte de Franco, el pasado 20 de noviembre de 2016, se celebró en Madrid una manifestación a favor de la Ley de Memoria Histórica. Este es el Hashtag empleado para comentar el acto en las redes: #20NMadridconMemoria

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Batallón de Trabajadores

Refugiarse o migrar no eran las únicas opciones de la sociedad española durante la Guerra Civil. Los Batallones de Trabajadores, más conocidos como campos de concentración franquistas, fueron el destino de muchos españoles contrarios al régimen impuesto en el país durante y después de la guerra.

Josep Màrius Climent i Prats es el autor del libro El treball esclau durant el franquisme: La Vall d’Albaida (1938-1947). En este trabajo de investigación realizado por el profesor de geografía e historia de educación secundaria y nieto de represaliado, se visibiliza el futuro de muchos.

“Los Batallones de Trabajadores fueron organizados durante la Guerra Civil por los militares sublevados. Esta forma de represión se convirtió en un factor clave del sistema represivo franquista para lograr la destrucción de la resistencia armada republicana a través de la explotación económica y la humillación constante de los prisioneros de guerra” define así Josep Màrius.

Esta violencia sigue afectando a hijos y nietos de represaliados si bien, no de una forma directa, a través de la duda y el misterio que rodea a sus familiares fallecidos. “La historia la cuentan los vencidos” afirma un familiar del ex presidente de la II República Española, Ricardo Samper. Los Batallones de Trabajadores fueron un medio eficaz para imponer y consolidar la Dictadura militar sobre una población sumisa.

Para ponernos en la piel de Josep Màrius Climent, decidimos solicitar las actas del censo de 1939 y 1940 en el Archivo Histórico de Valencia para averiguar cuántas personas residentes en Valencia capital habían estado destinadas en Batallones de Trabajadores. Tras llamar en diversas ocasiones al Archivo, cuando ya no pudieron evitar nuestras insistentes llamadas de diferentes números de teléfonos, nos informaron que justamente estos archivos estaban en proceso de restauración. Sin poner en duda la situación de estos archivos, se demostró que los trámites burocráticos que rodean a los archivos relacionados con la Guerra Civil española y sobretodo, con la posguerra, son largos y complicados, lo que dificulta todavía más la labor de recuperación de la memoria histórica.

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Galería fotográfica

Fuentes

Paneles informativos refugio antiaéreo de Requena

Un nuevo atractivo turístico de la ciudad: los túneles de Requena

Testimonio de José María Azkárraga

Testimonio de César Jordà Moltó

Rutas con Historia

Arqueología en mi jardín

El refugio del Lluís Vives sale de la oscuridad

Refugio del instituto Lluís Vives

Memoria histórica-Gobierno de España

Ley de la Memoria Histórica

El PSOE reivindica la memoria histórica tras años en los que el PP mantenía honores franquistas

La Ley de Memoria Histórica, una herramienta para asesinar la memoria de las víctimas del comunismo

La Ley de Memoria Histórica obligará a los ayuntamientos a retirar los símbolos franquistas

Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica

Testimonio de Josep Màrius Climent i Prats

Josep Màrius Climent i Prats. El treball esclau durant el franquisme. La Vall d’Albaida (1938-1947). 2016. Publicacions de la Universitat de València.

Testimonio Antonio Cánovas

Testimonio Jorge Cánovas (Una guerra, mi escuela, Marruecos, tan lejos tan cerca [documentos inéditos]

Testimonio Jose Francisco Samper

Testimonio familiares de Gil Hernández

Escrito por sara_chaparro el dic 14 2016. Archivado bajo Reportajes. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Los comentarios y pings están cerrados por el momento.

3 Comentarios por “Refugios y migraciones forzosas: los resquicios de la Guerra Civil”

  1. Rafa

    Hola Sara y compañeros,
    Perdonad por no dejar un comentario a vuestro trabajo, continuar así, me ha gustado mucho como lo habéis realizado. Personalmente me gusta mucho los trabajos de investigación, sobre todo, los de nuestra lamentable guerra civil, la que nunca hay que olvidar.

  2. Rafa

    Rafa.

    Los ancianos de este país son auténticos catedráticos en esta asignatura, la guerra. Hay que escucharlos, y saber comprenderlos a todos por igual, sea cual sea su ideología y el bando en el que combatieron. Ellos son nuestra autentica memoria, la materia viva de nuestra España, una herencia perecedera, que algún día solo constara en los libros. Nuestros mayores cogieron las armas con sus propias manos, tal vez por ignorancia. Muchos de ellos lucharon en contra de sus propios hermanos, y cientos de miles de ellos padecieron la inaceptable muerte, ellos son la verdadera memoria histórica. La guerra debería ser una asignatura más a su estudio, en todas en las escuelas y universidades de nuestro mundo. Quizá sea nuestra asignatura pendiente, la más difícil para el ser humano, donde muchos de nosotros suspenderíamos, una y otra vez.

  3. Carmen

    Me ha resultado muy interesante y a la vez desolador todo lo que causó la guerra y como de un día para otro pueden cambiar tanto las cosas. Gran trabajo

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