“Hiyab”: se aviva la llama del debate
By irenechiralt • Abr 19th, 2010 • Category: OpiniónLa expulsión de la joven de origen marroquí Najwa Malha en un instituto madrileño por vestir el “hiyab” vuelve a sacar a la palestra este complicado debate. Y es que, a pesar de que Najwa des del viernes se haya reincorporado a las clases, el acontecimiento ha trascendido a la opinión pública avivando el fuego del conflicto: libertad de expresión o falta de respeto, libertad religiosa o denigración de la mujer.

Basándose en el artículo 32 del reglamento interno, el instituto Camilo José Cela de Pozuelo de Alarcón decidió la pasada semana apartar de las clases a la joven estudiante, obligándola a permanecer en una sala de estudio durante las seis horas lectivas. Desde el Consejo Escolar argumentan que llevar la cabeza cubierta es incumplir las normas del reglamento de régimen interno. El padre de Najwa, Mohamed Malha, presentó un recurso de alzada ante la Consejería de Educación de Madrid, alegando que ésta es “una manifestación de la libertad religiosa garantizada por nuestra Constitución” en su artículo 16. No obstante, éste no es el primer caso sucedido en España en relación al uso de velo en lugares públicos. Muchos antes han traído revuelo, discusiones y enfrentamientos en nuestro país y en el extranjero. En su argumentación, aquellos que desean prohibir su uso, denuncian entre otras cosas que se trata de una tradición machista y denigrante. Sin embargo, pensemos que negar derechos fundamentales como la educación, así como cuartar el derecho a la libertad impidiendo el uso de un elemento tradicional puede ser mucho más irrespetuoso y denigrante. Si una mujer libremente decide llevar velo, ha de ser respetado en cualquier lugar, puesto que su uso no impide al resto relacionarse con ella de igual modo. El pañuelo como seña de identidad, como una diferencia, una elemento inofensivo que ha de ser respetado dentro de un Estado laico y una sociedad cosmopolita.
Si tendemos a la diversidad cultural, a la unión de lo diferente, seamos un poco más tolerantes. Demostremos que más allá de las impersonales normas escritas hay sujetos que las interpretan y que son capaces de entender al diferente, su mentalidad. Si el “hiyab” no ataca ningún derecho fundamental, no lo hagamos nosotros, respetemos su uso. Aprendamos a convivir con aquellas diferencias que se van incorporando a nuestro alrededor, porque las costumbres dignas no están sólo en el lado del que las mira.
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