Y al séptimo partido Los Lakers despertaron
By Ángel Anaya Barroso • May 18th, 2009 • Category: Deportes
Ángel Anaya Barroso/Laura Blanco Villa
Domingo 17 de mayo a las 21:30 hora española. Arrancaba el séptimo partido entre Los Ángeles Lakers y Los Rockets. El último de la serie y el que decidía si el equipo de Phil Jackson volvía a clasificarse para la final de la NBA por segundo año consecutivo o, si por el contrario, la franquicia de Houston daba la sorpresa.
Como se ha empeñado en demostrar, el equipo de Phil Jackson está hecho para lo mejor y lo peor. Una especie de Doctor Jekyll y Mr. Hyde. Un trastorno bipolar que ellos mismos se han creado y que nadie sabe cuándo se manifestará. Ayer, por suerte, no lo hizo y le tocó el turno al Doctor Jekyll: ese equipo bueno, hecho para ganar y que juega con la mentalidad de un bloque campeón.
El Staples Center de Los Ángeles estaba abarrotado. A la izquierda el equipo de casa salía con la indumentaria de las grandes ocasiones: traje blanco, raya al medio y sonrisa profident para salir guapos en la foto. Trevor Ariza, Andrew Bynum, Derek Fisher, Pau Gasol y Kobe Bryant formaban el equipo titular. A la derecha, Shane Battier, Luis Scola, Chuck Hayes, Ron Artest y Aaron Brooks eran los elegidos por Rick Adelman. El objetivo: el pase a la final de conferencia contra Denver Nuggets.
De inicio, la intensidad corrió de la mano las segundas espadas. Ariza, con dos triples, Bynum, que parecía aquel chico que prometía ser en su llegada, y el denostado base Derek Fisher fueron claves para llevar el marcador hasta el 17-4, sin apenas participación de Kobe Bryant, que sí dejó su marca en defensa.
Agresivos, hábiles a la hora de recuperar balones, incisivos al máximo en ataque y con la colaboración de unos exhaustos Rockets, que fallaron sus primeros nueve lanzamientos, los Lakers rozaron la perfección y antes de llegar al descanso la renta ya era superior a los 20 puntos (51-26), por lo que a los californianos sólo les restaba controlar el ritmo del partido y mantener la intensidad para no verse en problemas. Y así lo hicieron. Gracias a la aportación de secundarios como Sasha Vujacic y Jordan Farmar y a la sensacional actuación de un gran Pau, el equipo de Phil Jackson no bajó el ritmo y mantuvo el hambre por la victoria hasta el 89-70 final.
Un Gasol estelar
Por si fuera poco, el equipo de Phil Jackson descubrió que meter balones al interior para Gasol, frente a defensores mucho más bajos como Chuck Hayes o Shane Battier, podía ser un filón frente a los ayer calamitosos Rockets. Y el 16 no defraudó. No anotaba al poste bajo, pero hacía valer su superioridad física siendo agresivo en el rebote de ataque y jugando como un maestro sin balón. Él mandaba, repartía juego y ejecutaba. Destrozó a Luis Scola, que acabó con 11 puntos, pero con un pobre 4/12 en tiros, frente a los 21 puntos y 18 rebotes del catalán.
Por todo ello, la sabía afición de púrpura y oro despidió a Pau con una espectacular ovación, pocas veces vista en esta temporada, cuando abandonó la pista. Había jugado mejor que nunca cuando más le necesitaba su equipo, destrozando a sus críticos y mostrando su mejor versión.
¿Y ahora qué?
En la noche de ayer a los Lakers se les pedía intensidad, dominio en las zonas, fiereza, concentración y orgullo. Y de todo eso tuvieron para regalar. El de anoche era un equipo con pinta de campeón. Intenso, agresivo y que no necesitaba de Kobe Bryant para arrasar a los Houston Rockets.
Todo ello hace que los angelinos se presenten como favoritos en la final de Conferencia contra los Denver Nuggets. Si actúan así, son imparables. Y si Pau es capaz de sacar esa fiereza y de imponer su corazón, es uno de los verdaderos grandes de la NBA (muy por encima de ese tercer quinteto de los mejores juagdores de la NBA en el que le han incluido). Sin embargo, los antecedentes hace que una pregunta siga en el aire: ¿qué tocará el próximo partido Jekyll o Mr. Hyde?
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