Sin corrupción no hay paraíso

By Ángel Anaya Barroso • Abr 6th, 2009 • Category: Opinión
¿Qué tendrá el señor dinero para ser tan anhelado por nuestro 'buenos' dirigentes?

¿Qué tendrá el señor dinero para ser tan anhelado por nuestros 'buenos' dirigentes?

Les propongo jugar a un juego. Yo les voy a dar tres nombres y ustedes me los relacionan diciéndome sólo una palabra. Allá van: Terra Mítica, Fabra y Orihuela. ¿Alguien sabe la respuesta? Exacto: corrupción. Curiosa palabra. ¿Habrá alguna otra que haga correr tantos y tantos chorros de tinta? Bueno… sí… Irak, EE.UU, terrorismo… también desaceleración/escenario de dificultad/período de ajuste/crisis económica (no sé si me olvida alguna), inmigración, elecciones… cambio climático… Vale. Me habéis pillado. Pero no me negaréis que ya estáis un poco hartos de abrir el periódico o ver el noticiario de turno y oír la dichosa palabrita.

Estos días, te sientas, abres el periódico y: que si la Fiscalía de Valencia investiga un centenar de casos de corrupción en los últimos dos años; que Garzón dicta prisión sin fianza para los cabecillas de la trama de corrupción; que si detienen a una alcaldesa de Zaragoza y a otras 17 personas por corrupción urbanística; que si el cacique de gafas oscuras de la Costa Azahar sigue negándose a explicar qué pasó con esos seis millones que ingresó (no sé si habrán mirado debajo de su colchón o, mejor dicho, detrás de todo lo que rodea a ese colchón); que si operación Malaya; que si Alhaurín; Estepona; que si llega el Guateque; que si venga con Totana o la extorsión de Coslada… y cientos de nombres más que para lo único que sirven es para jugar a los trabalenguas.

No sé ustedes, pero yo ya estoy algo cansado. ¿Acaso no sabemos nosotros que la corrupción y el hombre son amigos desde que el mundo es mundo? Pues sí. ¿Que no ha aumentado sino que ha sido la crisis económica y financiera, junto a la consecuente parada del sector inmobiliario (principal motor de esta corrupción), la que ha propiciado que ese ‘hombre del maletín’ sea más fácil de ver? Pues también. ¿Que un ejemplo de ello es la Comunidad Valenciana, que parece vivir más de la ‘solarina’ que de la clementina como muestran los casos del alcalde de Zarra y compañía? Pues como pasa en el resto de España. ¿Que esto representa un problema ante esa percepción de país corrupto, tanto internacional como nacionalmente, y que acarreará consecuencias no muy agradables como la pérdida de la inversión extranjera o la desconfianza de la sociedad española?. Quizá menos, pero, al igual que lo anterior, lo sabemos.

Contemplemos el mundo desde una perspectiva ética realista, sin rasgarnos las vestiduras y sin hipocresías. El hombre es corrupto por naturaleza. Debemos, pues, ser tolerantes con la corrupción y, si me apuran, incluso, fomentarla. Porque alguien sabe qué sería de las urbanizaciones de lujo y ciudades de vacaciones al lado de la playa sin las grandes especulaciones; o de los bancos sin las abusivas comisiones y esos intereses de culo inquieto que no hacen más que subir y bajar según el gusto del señor especulador.

No se ha hecho nunca una gran fortuna sin robo. Hay explotadores y explotados, ladrones y los que nos dejamos robar, así que para qué hablar de corrupción. Para qué seguir dando noticias que creen un auténtico conocimiento social de lo que está pasando y eviten que la ciudadanía empiece a tomar como normal, e incluso justificable, lo que debe ser insólito y devastadoramente inmoral. Si ya lo decía el ex presidente mexicano Álvaro Obregón cuando dijo: “Todos somos un poco ladrones”.

Por tanto, ¡ya basta de hablar de corrupción! ¿Qué importa jugar con los que ni pinchan ni cortan? ¿Qué más da si se pone en peligro la seguridad ciudadana y se atenta contra la salud de la nación afectando a la propia seguridad nacional? ¿Para qué dar a conocer toda esta lacra creando así una conciencia social que ayude a eliminarla? Si es que, somos de lo que no hay: mira que si lo conseguimos y acabamos con ella. ¿Cómo podrían mantener esas “pequeñas” mansiones y comprarse esos “cochecitos” nuestros queridos dirigentes?

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